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IA, Google y contenidos inútiles: la bazofia de IA es una señal de baja calidad

La IA ha entrado en la búsqueda de dos formas distintas: por un lado, Google la utiliza para crear nuevas experiencias como AI Overviews y AI Mode; por otro, muchas empresas la usan para producir contenidos, a menudo pensando que basta con publicar más para ganar visibilidad.

Los contenidos genéricos, creados únicamente para ocupar espacio, nunca han aportado un valor real. Con la llegada de la IA a la búsqueda de Google, la diferencia respecto a un contenido verdaderamente útil resulta todavía más evidente.

Barbara Antonutti
Barbara Antonutti
10 min de lectura

Para muchos empresarios, la inteligencia artificial sigue pareciendo un tema nuevo, lejano o, en cualquier caso, poco relacionado con la visibilidad de su empresa en Internet.

«Nosotros fabricamos máquinas. ¿Qué tiene que ver la inteligencia artificial con nuestra página web?»

Tiene mucho que ver.

Porque Google no se limita a valorar si una página trata un determinado tema. Intenta entender si esa página merece realmente la atención del usuario. Y con la IA generativa se ha vuelto extremadamente fácil crear artículos largos, aparentemente bien escritos, pero vacíos de contenido.

Ese tipo de contenido, que desde hace años calificamos de «bazofia», ya no solo resulta inútil para el lector. También es cada vez más reconocible para los motores de búsqueda como una señal de baja calidad, porque este tipo de contenido tiende a repetir características muy similares.

Antes de nada: ¿quiénes son los Quality Raters de Google?

Google utiliza evaluadores humanos, llamados Search Quality Raters, para analizar la calidad de los resultados de búsqueda.

No son personas que decidan si vuestra web debe subir o bajar posiciones. No pueden penalizar directamente una página ni modificar manualmente los rankings.

Su trabajo es distinto: evalúan los resultados siguiendo un documento público, las Search Quality Rater Guidelines, para ayudar a Google a determinar si sus sistemas están mostrando contenidos útiles, fiables y relevantes. Google explica que cuenta con más de 10.000 evaluadores en todo el mundo y que sus análisis sirven para medir la calidad global de los sistemas de búsqueda.

En la práctica, las directrices de los Quality Raters no son “la fórmula secreta del SEO”, pero resultan muy útiles para entender qué tipo de contenidos quiere premiar Google a medio y largo plazo.

Las Search Quality Rater Guidelines se revisaron en 2025. En enero de 2025, Google actualizó las secciones dedicadas a las páginas de baja calidad —denominadas Low y Lowest en las directrices— para alinearlas mejor con sus políticas antispam. En septiembre de 2025 introdujo ejemplos sobre cómo evaluar las respuestas de AI Overviews y amplió las definiciones YMYL (Your Money or Your Life).

¿Qué tiene que ver la IA con las directrices de Google?

Con la introducción de resultados generados mediante inteligencia artificial, como AI Overviews y AI Mode, Google debe prestar todavía más atención a la calidad de las fuentes que utiliza y muestra.

Pero la cuestión no afecta únicamente a la IA dentro de Google. También tiene que ver con la forma en que las empresas están utilizando la IA para acelerar la publicación de contenidos online. Y es precisamente aquí donde aparece el riesgo. El propio Google explica que, para aparecer en las funciones de IA de la búsqueda, no hacen falta requisitos especiales ni “trucos” específicos: siguen siendo válidos los fundamentos del SEO y, sobre todo, hay que producir contenidos de calidad, realmente útiles para los usuarios.

Al mismo tiempo, Google no afirma que esté prohibido utilizar la IA para crear contenidos. Las herramientas de IA generativa pueden ser útiles, por ejemplo, para recopilar ideas, organizar información o dar una primera estructura a contenidos originales.

YMYL: cuando Google eleva el listón de la calidad

En sus directrices, Google habla ampliamente de contenidos YMYL, es decir, “Your Money or Your Life”.

Se trata de temas que pueden tener un impacto importante en la salud, la seguridad, la estabilidad financiera de las personas o el bienestar de la sociedad. Para estas cuestiones, Google declara aplicar estándares más elevados a la hora de evaluar la calidad y la fiabilidad de los contenidos.

Si una empresa fabrica componentes mecánicos o maquinaria industrial, evidentemente no está publicando artículos sobre pensiones, tratamientos médicos o impuestos. Por tanto, el YMYL no es el tema central.

Aun así, el principio también resulta interesante para el B2B industrial: cuanto más pueda influir un contenido en una decisión importante, más preciso, verificable y basado en un conocimiento experto debe ser.

Pensemos en páginas que hablan de materiales, certificaciones, tolerancias, aplicaciones críticas o seguridad de las máquinas. Deben ayudar a quienes están evaluando un proveedor y una tecnología.

El Content Effort: el esfuerzo visible detrás de un contenido útil

Hay un concepto de las directrices de Google que hoy se ha vuelto fundamental: el Content Effort, es decir, el trabajo humano y el cuidado que se perciben en el resultado final de una página.

Atención: esto no significa que Google pueda saber cuántas horas se han dedicado a redactar un contenido. Tampoco significa que un texto sea válido únicamente porque alguien haya trabajado mucho en él. Significa, más bien, que una página debe mostrar a quien la lee señales concretas de un trabajo útil: selección de la información, experiencia directa, explicaciones no genéricas y un punto de vista competente.

Este es un aspecto especialmente importante para las pymes industriales. Una empresa puede contar con competencias técnicas muy sólidas, pero esas competencias no se convierten automáticamente en Content Effort a ojos de quien lee. Si permanecen implícitas, confusas o se explican mediante frases genéricas, no ayudan realmente al cliente potencial a comprender el valor de la empresa.

El know-how técnico solo se convierte en contenido estratégico cuando se selecciona, se estructura y se hace comprensible.

La calidad se mide por la capacidad de transformar la competencia real de la empresa en contenidos útiles para quienes están buscando una solución.

El problema de los contenidos creados en serie

Uno de los apartados más importantes de las directrices se refiere al scaled content abuse, es decir, el abuso de contenidos producidos a gran escala.

Google define esta práctica como la creación de un gran número de páginas con el objetivo principal de manipular el posicionamiento en los resultados de búsqueda.

El scaled content abuse no afecta únicamente a los contenidos generados automáticamente mediante IA. Sin embargo, la IA ha hecho que este problema sea mucho más visible, porque permite producir en pocos segundos grandes cantidades de textos u otros contenidos digitales de baja calidad —lo que se conoce como content slop, es decir, es decir, bazofia digital—.

Si un chatbot puede redactar vuestro artículo en diez segundos, sin hablar con nadie de la empresa, sin consultar un plano técnico, sin conocer un proceso de fabricación, sin verificar un dato y sin entender qué es lo que realmente importa a vuestros clientes, lo más probable es que ese contenido no esté aportando ningún valor.

Puede que sea largo.

Puede que sea gramaticalmente correcto.

Puede incluso parecer “profesional”.

Pero sigue siendo bazofia.

La mejor arma contra la IA genérica: la experiencia real

En sus directrices, Google utiliza el concepto de E-E-A-T: Experience, Expertise, Authoritativeness, Trust. En español: experiencia, conocimientos especializados, autoridad y fiabilidad.

La parte que nos interesa especialmente aquí es la primera E: Experience.

Google introdujo explícitamente el concepto de Experience en sus directrices para reflejar mejor la forma en que las personas evalúan la calidad de la información: no solo cuenta el conocimiento teórico, sino también la experiencia directa sobre el tema tratado.

La IA puede resumir información ya existente. Puede reorganizar conceptos. Puede imitar un tono. Puede producir textos correctos.

Pero no puede tener experiencia directa.

No puede saber qué problemas aparecen realmente en un proceso de fabricación complejo. No puede comprender qué objeciones se repiten en una negociación técnico-comercial.

Esta es la diferencia entre un contenido genérico y un contenido basado en la experiencia.

Pero atención: no basta con “tener experiencia” dentro de la empresa. Tampoco basta con pedir al departamento técnico un par de apuntes y convertirlos en una página web.

El paso delicado es otro: entender qué parte de la competencia de la empresa es realmente relevante para el mercado, cómo debe explicarse, con qué nivel de detalle, con qué lenguaje, para qué público y con qué objetivo comercial.

Es precisamente aquí donde muchas webs industriales pierden fuerza.

No porque la empresa no tenga valor, sino porque ese valor permanece implícito, oculto o disperso entre conversaciones comerciales, presupuestos y reuniones técnicas que no se reflejan online.

La IA puede ayudar a organizar mejor cierta información. Pero no puede sustituir el trabajo estratégico necesario para transformar la competencia técnica en una comunicación eficaz.

No se trata de escribir más. Se trata de demostrar mejor el valor.

La verdadera pregunta no es:

«¿Cuántos artículos debemos publicar?»

La pregunta es:

«¿Nuestra web demuestra realmente por qué un cliente debería considerarnos un proveedor fiable?»

No basta con afirmar que la empresa es seria, innovadora, flexible, orientada a la calidad y atenta a las necesidades del cliente. Son fórmulas que utiliza todo el mundo.

La web debe debe permitir que un cliente potencial perciba la competencia, la solidez, el método de trabajo y la fiabilidad de la empresa incluso antes de hablar con el equipo comercial.

Para conseguirlo, hacen falta análisis y un buen conocimiento del mercado, especialmente cuando la web también se dirige a clientes extranjeros, con necesidades, expectativas y criterios de evaluación diferentes.

Porque en la web actual, y aún más en un entorno marcado por la IA, la diferencia no la marca quien publica más texto, sino quien consigue aportar pruebas más claras de su valor.

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Bibliografía y fuentes